23 de agosto de 2011

El Secreto del Ojo

De entre las cosas que su abuelo dejo guardadas en el baúl de madera apolillada, Argos tomo un pergamino de trazos ilegibles que daban figura a un mapa ahora perdido y carcomido por el paso del tiempo. Aquel con el que jugo cuando era tan solo un niño y su abuelo le dió para descubrir el tesoro que había ocultado en algún rincón de los jardines de la hacienda. Argos río para sí al recordar como fué que cayó en el pozo al querer alcanzar un objeto brillante en el fondo, y los varazos que su madre le dio por andar haciendo travesuras que le ocasionaran apuros innecesarios. Revolvió las cosas dentro del baúl buscando la esfera de color azul que parecía contener a un océano en calma y que a su vez le observaba fijamente, comunicando mentalmente los vestigios que Poseidón resguardaba celosamente en sus dominios.
En la esquina del baúl, oculto con un trapo gris y mohoso estaba ese ojo marino. Frío al tacto y de superficie perfecta. Con un punto pequeño y brillante en el centro, que parecía contener algo mas profundo. Su abuelo le contó que ese objeto podría cambiar el destino del hombre al saber mas de lo podría aprender en 1000 vidas y que aún no tenía la edad para comprender que era mas que un juguete. Vio como su abuelo lo llevaba dentro de la casa, el se rascaba las nalgas a consecuencia del castigo de su madre. Hace 20 años que escucho eso de la boca de el que fuera como su Padre.
Observaba la esfera. Sin reflejo alguno y parecia ir de un tono azul profundo al negro pero siempre permanecía fijamente en el centro, el punto brillante. Cerro el baúl y la tapa hizo un sonido grave al atrapar el polvo y las astillas. Bajo del ático de la habitación y echo una última mirada a las pocas posesiones que conservaba Phineas. Una de ellas era un relicario con la diosa Atenea grabada en el frente. Era de plata y conservaba su pulido, parecia que vio el rostro de su madre en el. Lo tomo y lo hecho en la bolsa junto con la esfera. Volvío al jardín donde se encontraban reunidos algunos viejos amigos de su abuelo, quienes murmuraban y se preguntaban que le podrían arrebatar los bandidos a un anciano que no fuera mas que su vida.
Eso es algo que Argos se propuso saber...

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